Aclamaciones y reclamaciones. (Domingo de Ramos de la Pasión del Señor, ciclo A)

ACLAMACIONES Y RECLAMACIONES
Domingo de Ramos de la Pasión del Señor. Ciclo A.

Con la celebración de este domingo abrimos la puerta de la Semana Santa 2017. Lo hacemos, al inicio, con aclamaciones y gritos de júbilo. Al terminar la solemne procesión de entrada, escuchamos estremecidos la narración de la Pasión y Muerte del aclamado, según san Mateo. El contraste existencial de los protagonistas es evidente. Los de la entrada a Jerusalén y los que hoy entramos con palmas bendecidas a nuestros templos. Aclamaciones y reclamaciones. ¿Así es la vida del peregrino?

Jesús entra bien acompañado a la ciudad de sus amores; pero termina solo, traicionado, abandonado… Gloria y cruz, palmas y reclamos… Viene de enseñarnos la pasión de vivir por una causa sublime: cumplir la misión encomendada por su Padre. En el dramático acontecimiento del Gólgota nos muestra, con creces, la pasión de morir por nuestra salvación. La pasión de vivir por una causa y la pasión de morir por la misma causa no se pueden separar. “Todo está consumado”, dirá encumbrado en/sobre la cruz. La tierra y el velo del templo se abren para recibir al que llegó después del fatigoso camino de la entrega total.

La percepción y las reacciones de los espectadores son diversas. Unos, al pie de la cruz; otros, mirando de lejos. Unos, comentan y reclaman; otros, creen y se arrepienten. Otros, ven el final de la historia de un hombre desconcertante, de sus ‘historias’ y proyectos, nada más… Unas mujeres esperan el desenlace en silencio, dejan que las lágrimas recorran sus rostros, miran sin mirar ni entender. Ellas, las que miraban con esperanza, estarán en la aurora misma del nuevo día de la resurrección. Antes, es necesario vivir el atardecer de un mundo que acaba.

Este domingo es un domingo entrañable; quizás el que más durante el año. Mucha, mucha gente sale de sus casas, procura sus ramos, hace cruces con las palmas previamente bendecidas, aclama al “bendito que viene en nombre del Señor”. El hecho de salir para hacer presencia es significativo. Sabemos que el domingo empieza con aglomeraciones y cantos de aclamación. Cómo termina, solamente lo pueden saber quienes participan en procesiones y celebraciones. Esperamos que no reclamen a quien han aclamado.

El pórtico de la Semana Mayor es para asomarnos y entrar en la solemne celebración anual del Misterio Pascual. ¿Estamos preparados? Vivir y morir con pasión, como Jesús, es la gran lección del Domingo de Ramos de la Pasión del Señor. Jesús es el mejor maestro del morir y del vivir, del amar hasta la muerte y del perdonar desde las entrañas de la misericordia.

Oremos confiadamente al acompañar al aclamado: “Señor Jesús, cuando no podamos con nuestros cálices, o con los de los hermanos, envuélvenos en tu pasión de vivir y morir… Mas no se haga nuestra voluntad sino la tuya”.

Les deseo una santa Semana Santa.
Con mi bendición.

+ Sigifredo
Obispo de/en Zacatecas

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