Himno (Salutación al entrar al Santuario)

Himno
(Salutación al entrar al Santuario)

De rodillas entremos hermanos,
al Santuario del Dios de Israel,
y cantando con lágrimas tiernas,
saludemos al Niño Emmanuel.

Qué feliz es el alma ¡Oh Niñito!
que ha tenido la dicha de verte,
y a tu templo venir reverente,
de rodillas llegar a tu altar.

Nuestra tiernas plegarias te dicen
que te amamos con grande ternura,
que arrastrados por esta hermosura,
de tu rostro nos tienes aquí.

Nuestra Patria, familia y hogares,
que son bienes terrenos, dejamos,
por venir presurosos y ufanos,
en tu templo bendito a implorar.

Otros bienes del cielo mayores
que al mortal infeliz le convierte
y le libra del yugo de muerte,
y nos hace gozar del Señor.

Tú eres fuente de gracias inmensa,
el raudal sin cesar de ternura,
el consuelo de triste criatura,
agobiado por hondo pesar.

Tu sonrisa convierte los males
en dulcísimos himnos de gloria,
tu mirada nos lleva a la gloria,
arrastrados de místico afán.

Tú conviertes el pecho más duro
pisoteando al soberbio satán,
que con piel de arcángel caído,
hace presa del mísero adán.

No permitas ¡Oh Niño Divino!
que satán nuestras almas subyugue,
antes bien por tu amor nos ayude,
que se rompa la liga fatal.

A los hombres tu luz ilumina,
y los libra de duras pasiones,
conduciendo hacia Ti corazones,
imanados de amor divinal.

Quien me diera, Niñito de Atocha,
que exhalando a tus pies un suspiro
de pesar y de amor conmovido,
hasta el cielo pudiera llegar.

Y tañidas las arpas de oro,
por las manos de inmensos querubes,
asentado en un trono de nubes,
siempre yo te pudiera cantar.

¡Viva, viva por siempre el Niñito,
el encanto, el imán de María!
¡Viva, sí, nuestro Atocha bendito!
¡Viva siempre por siempre sin fin!

*Música del Himno Guadalupano.