La fe cristiana presentada al hombre moderno: ¿Se puede justificar el recurso a la fuerza militar?

Incansablemente, la Iglesia y los Papas sucesivos llaman a la paz. Y la larga lista de conflictos que afectan el planeta, regularmente es recogida en la oración universal de la Iglesia. La posición católica de rechazo de la guerra esta? bien establecida. No obstante, la Iglesia ha dirigido una reflexión que dice a la vez que no hay guerra justa, pero que el recurso a la fuerza armada puede tal vez, y en ciertas condiciones, estar justificada, cuando la negación de una intervención militar puede permitir perpetrar más graves violencias y más duraderas aún.

El recurso a la fuerza armada puede así? justificarse por una “causa justa”, al responder a diversos criterios. La defensa legítima es el primero de estos criterios: una nación puede recurrir legítimamente a la fuerza militar para responder a una agresión; otros países pueden incluso actuar por la fuerza para venir en ayuda de un pueblo injustamente agredido, y además, la guerra justificada no debe ser sino el último recurso, después de haber intentado todo, y tener una “esperanza de éxito”. En fin, el recurso a la fuerza debe ser “proporcionado” a la situación; si el remedio es peor que la enfermedad, si las consecuencias y daños son más importantes que los efectos denunciados, la guerra no puede ser una solución aceptable. La Iglesia también pide que la solución sea tomada con “recta intención”, es decir, expresada claramente, y por “una autoridad legítima”, las naciones agredidas o las instancias internacionales preocupadas del “bien común” (naturalmente la ONU, u otras instancias, como la Comunidad europea o los organismos regionales). La guerra justificada sigue siendo, no obstante, una “excepción” al deber de respetar toda vida humana y debe pues, ejercerse con precaución. Si los criterios son remplazados y una fuerza militar entra en acción, la Iglesia pide de inmediato, que los civiles nunca sean tomados como objetivo. Esta limitación estricta excluye el recurso a las armas de destrucción masiva, a los ataques sistemáticos de pueblos y ciudades, a los actos terroristas.

Pero la Iglesia considera que este último recurso, pese a todo, siempre es un fracaso: no hay una “guerra buena”. Una paz duradera y justa entre los pueblos que trabajan por ella, con el reconocimiento realista de que la paz aún debe construirse y que, en ciertas situaciones trágicas, el recurso a la fuerza militar puede justificarse eventualmente.

Paz

Recuperado de: 50 claves para comprender el Catecismo de la Iglesia católica. Obra Nacional de la Buena Prensa, A.C. Abril, 2013.