La fe cristiana presentada al hombre moderno: ¿Realmente Dios es todopoderoso?

“Creo en Dios Padre todopoderoso”, formula el Credo. Desde las primeras páginas de la Biblia, el pueblo judío reconoce la omnipotencia divina: “Yo soy el Dios todopoderoso, camina en mi presencia”, le dice Dios a Abraham en Génesis 17, 1. Los judíos encuentran la manifestación de este poder, su huella, a lo largo de su historia: Dios es quien hace salir al pueblo de Egipto, quien establece el reinado de Salomón, quien regresa del exilio a los cautivos, después de la deportación de Babilonia.

Dios es todopoderoso, pero, ¿de qué poder se trata? Hizo falta tiempo para descubrir, poco a poco, que Dios no es violento, autoritario. Jesús vino a decir que el amor de Dios es la omnipotencia del amor. He aquí la fe cristiana: el poder rendido de Dios. “El Señor del universo”, el “rey de reyes”, es una fuerza de amor infinito que rebasa todo límite de reinado, tal como se vive en la tierra.

Para pasar del poderoso Dios de los ejércitos al Dios rendido clavado en una cruz, hizo falta un paciente camino de descubrimiento para los creyentes. A menudo, estamos llamados a rehacer esa marcha: querríamos que Dios fuera “todopoderoso” para expulsar el mal, la guerra o para defendernos. Aún ahora, creemos en un Dios todopoderoso que domina el mundo y nos somete a su simple voluntad. Sin embargo, esto sería negar el don de Dios, que como un Padre, nos da la vida. “Vine para que los hombres tengan vida, y la tengan en abundancia”, dice Jesús en el evangelio (Jn 10, 10). Así, Dios es a la vez el todopoderoso creador del mundo, y la presencia amorosa y misteriosa que no hace uso de su fuerza ni de su poder sobre la creación.

Esta omnipotencia del amor se expresa mediante el misterio de la Encarnación: “Dios amó tanto al mundo, que le dio a su Hijo único” (Jn 3, 16). Se hace uno de nosotros, siendo un pequeño, un niño, es la forma en que Dios nos habla de su poder. Desde su nacimiento en el pesebre hasta el madero de la cruz, Jesús es Hijo de Dios todopoderoso y al mismo tiempo, sometido a un amor incondicional y sin medida. El poder divino aparece entonces como fundamentalmente diferente del poder a escala humana: incluso si hablamos de términos similares, mencionando, por ejemplo, las “legiones de ángeles”, el poder de Dios reside en el don gratuito, sin límite, y se expresa a través de una total ausencia de violencia, de fuerza, de poder. La fuerza triunfante de Dios, es ser un Dios de amor infinito, absolutamente rendido.

Dios Padre

“El Hijo y el Espíritu Santo son como dos manos por las cuales Dios da forma al mundo y su historia”. San lreneo

Recuperado de: 50 claves para comprender el Catecismo de la Iglesia católica. Obra Nacional de la Buena Prensa, A.C. Abril, 2013.

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