La fe cristiana presentada al hombre moderno: ¿Quién fue el primero sobre la tierra: Adán o el mono?

Así como se plantea la cuestión de la creación, también podemos preguntarnos acerca del origen del hombre: ¿debemos oponer la teoría de la evolución, que explica cómo el hombre “desciende del mono”, y el texto bíblico que “relata” la creación de Adán? Hay aún el riesgo de no distinguir los dos registros de idioma y de reflexión: el proceso científico permite comprender cómo el ser humano surgió en el seno de la gran familia de los seres vivos, mientras que la fe de los autores de la Biblia nos dice que Dios no es ajeno a la historia humana.

El mono, se inscribe en el tiempo, dentro de la descendencia humana. Los antropólogos trabajan sobre la aparición del Homo sapiens, y estudian los vínculos posibles o probables entre las especies animales, entre el mono y el hombre. La evolución lenta, define cada vez mejor, merced a los descubrimientos paleontológicos y arqueológicos, en la evolución de las especies, la aparición del hombre, es decir, un ser dotado de reflexión, consciente de su propia existencia.

¿La humanidad nació de una sola pareja o de varios grupos de homínidos? Los investigadores se pronuncian en su mayoría por el poligenismo, es decir, en distintos lugares del planeta, la humanidad surgiría de varias mutaciones, sin duda entrelazadas. En África se encontraría “la cuna de la humanidad”.

Pero entonces, ¿quiénes son Adán y Eva? Durante mucho tiempo, el catecismo pudo transmitir la ilusión histórica de una pareja original… Escritos hace tres mil años, los textos bíblicos no nos presentan el retrato de los primeros padres de los hombres, sino más bien, la cara de la humanidad querida por Dios. La palabra Adán significa “el terroso”, “el arcilloso”. Éste es el nombre del hombre modelado por Dios, un alfarero. La fuerza simbólica del relato aparece bien en esta imagen de un Dios alfarero, que con sus manos forma al hombre. La mujer tiene por nombre Eva, es decir, “la madre de los vivientes”.

Lo que revela el relato del Génesis, más bien es que el ser humano fue derivado de la “tierra”, de la “carne” dirá san Pablo, pero que es animado por un soplo divino. He aquí lo que los sabios de Israel han querido repetir: el hombre, en su historia, está vinculado a Dios. Y eso es verdadero respecto a todo hombre, no sólo a los primeros hombres que aparecieron sobre la superficie terrestre. La figura de Adán no es la de un lejano ancestro que se encontraría al principio de la cronología humana, sino el reflejo de la realidad de cada ser en su origen, tal como la comprendieron los creyentes.

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Recuperado de: 50 claves para comprender el Catecismo de la Iglesia católica. Obra Nacional de la Buena Prensa, A.C. Abril, 2013.

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