La fe cristiana presentada al hombre moderno: ¿Por qué decimos que la Iglesia son los bautizados?

La Iglesia es “el pueblo de los bautizados”. La palabra “iglesia” reviste muchos significados distintos, comienza por evocar el edificio mismo donde se reúnen los fieles.

Pero en el lenguaje corriente, consideramos a menudo la Iglesia (con mayúscula), siendo ésta constituida por el Papa, los obispos, los sacerdotes. Todavía el término designa más someramente el Vaticano o la parroquia, de forma un poco lejana e impersonal. La Iglesia es todo esto a la vez; sin embargo, en primer lugar es “el pueblo de los fieles”, como la llama el Concilio Vaticano II, en línea directa con el Nuevo Testamento.

Retomando esta definición, la constitución Lumen gentium recuerda la esencia misma del católico, que es su Bautismo. Por el Bautismo, entra en la Iglesia, es decir, elige vivir como cristiano decididamente en pos de Jesús. El Bautismo establece a cada uno en el pueblo de Dios como “sacerdote, profeta y rey”: esta triple vocación del bautizado lo asocia a la alabanza a Dios (sacerdote), al anuncio del Evangelio (profeta) y a la edificación del Reino de Dios (rey).

Todos los bautizados constituyen así pues la Iglesia, ya sean laicos u ordenados: “Entre ellos, permanece una verdadera igualdad en razón de su dignidad de hijos de Dios”, expresa el Catecismo de la Iglesia católica. En el seno de esta familia, algunos reciben una misión particular: diáconos, sacerdotes, obispos, que son ordenados para servir a la Iglesia y a la comunidad de los bautizados. Ellos forman la jerarquía de la Iglesia, pero al mismo tiempo, permanecen como bautizados. San Agustín decía a sus fieles: “Para ustedes, soy obispo. Con ustedes, soy cristiano”. Y es esta dignidad del Bautismo la que hace entrar a cada uno personalmente en la Iglesia.

 Bautizados

Recuperado de: 50 claves para comprender el Catecismo de la Iglesia católica. Obra Nacional de la Buena Prensa, A.C. Abril, 2013.