La fe cristiana presentada al hombre moderno: ¿Por qué llamamos “Padre nuestro” a Dios?

El Padrenuestro es la gran plegaria de los cristianos, que responde a la invitación de Jesucristo. A sus discípulos, que le pidieron como orar, Jesús les recomienda dirigirse a Dios como a un Padre. No era nuevo en la oración judía: a lo largo de todo el Antiguo Testamento, el pueblo se dirige a Dios a su vez, como a un amigo, una madre, un padre, un esposo, un pasto, un rey… “Como la ternura de un padre para sus hijos, el Señor es tierno para quien lo adora” (Sal 103, 13). Pero en la tradición judía, sólo el rey se dirigía a Dios en estos términos: “Él me llamará “Mi Padre”, dice Dios en la investidura del rey (Sal 89, 27).Padre nuestro

Al apoyarse en este realidad, Jesús revela al Padre y dice a los discípulos cómo dirigirse a Dios. No es únicamente una cuestión de lenguaje. Mediante su palabra, Cristo invita al fiel a entrar en la filiación divina que lo une a su Padre. Nuestras limitaciones personales ­–nuestra propia historia familiar, nuestra imagen paterna– podrían quizás hacer difícil este acercamiento a la verdad de Dios. Pero la paternidad que Jesús nos presenta es de otro orden. Ésta es un corazón a corazón con Dios. Se encuentra en cada página del Evangelio: “Nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar” (Mt 11, 25).

A una relación semejante a la que existe entre Dios y Jesús, es a la cual somos llamados, una relación filia, fruto de una confianza total. Jesús deja todo en manos de su Padre ­–“Padre, hágase tu voluntad”– y Dios, en la encarnación de su Hijo, confía a Jesús la misión de revelar el Reino entre los hombres y con el ejercicio de su libertad humana.

Dos evangelios, con algunas diferencias, retoman esta oración de Jesús, Lucas 11 y Mateo 6. Desde 1966, un texto común a la iglesia católica y a las Iglesias protestantes y ortodoxas, da a los cristianos de diferentes confesiones, la posibilidad de rezar el mismo “Padrenuestro”. Esta plegaria tan íntima, antes escrita en la segunda personal del plural, nos permite “tutear” a Dios.

Este texto es la oración cristiana más extendida en el mundo y se inscribe en la fe desde sus inicios. En el Monte de los Olivos, en Jerusalén, las paredes de la capilla del Padrenuestro están recubiertas de mosaicos que retoman el “Padrenuestro” en más de un centenar de idiomas, y existen más de un millar de traducciones diferentes. Para el fiel, ésta es una forma privilegiada de expresar su fe en Dios. “La más perfecta de las oraciones”, según santo Tomás de Aquino, para Tertuliano es, “el resumen de todo el Evangelio”. Oración de petición, el “Padrenuestro” nos hace entrar en la dinámica de Cristo hacia Dios. Al confiarla a sus discípulos, Jesús recuerda que Dios es quien está en el origen de esta filiación en la cual entramos. Enseguida del bautismo de Jesús, Dios nos repite: “tú eres mi hijo muy amado”. Y el fiel puede responder con la oración de Jesús, con el “Padrenuestro”.

Al volverse a María, en la oración, el cristiano se vuelve con ella a Cristo.

¿Por qué rezar a María?

“Todas las generaciones me llamarán bienaventurada”, anuncia María a su prima Isabel durante la Visitación, en el texto del Magnificat (Lc 1, 48). Dirigirse a María en oración, es reconocer en ella el misterio de Dios que se hace hombre para salvarnos. Desde hace siglos, a la Iglesia le gusta orar a María. Madre de Jesús. Aquella que ha respondido sí al llamado de Dios tiene un lugar muy particular en la humanidad al orar a María, le pedimos que nos conduzca hacia Cristo. No le rezamos por sí misma, sino por ser la primera que creyó nos guía y nos arrastra, en ese impulso de amor que lleva a Dios.

Al igual que aquellos que le pedían vino en las bodas de Caná, María invita a cada creyente a ponerse a escuchar a Jesús: “Hagan todo lo que él les diga” (Jn 2, 5).

El rostro de María no se interpone entre el cristiano y Dios, sino que revela la ternura del Padre y nos hace conocer a su hijo Jesús. El “AveMaría”, el Magnificat o el Rosario, son oraciones que nos invitan a volvernos con María hacía el Padre.

Orar a María, es orar con ella y entrar en su escuela. En este sentido, ella es nuestra madre, madre de los hombres, que acompaña en la oración a aquellos que quieren “nacer” al amor de Dios.


Recuperado de: 50 claves para comprender el Catecismo de la Iglesia católica. Obra Nacional de la Buena Prensa, A.C. Abril, 2013.

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