La fe cristiana presentada al hombre moderno: ¿Por qué la Iglesia pide a la sociedad proteger al embrión?

Para la Iglesia, toda persona tiene derecho a ser reconocida, desde los principios hasta el fin de su existencia. El embrión, partecita de materia muy pequeña y frágil, persona en desarrollo, tiene derecho a la plena dignidad del individuo.

En todo tiempo, la Iglesia ha denunciado al aborto como un atentado inaceptable a la vida. No obstante, si el principio que condena la interrupción activa del embarazo esta? claramente establecido, las parroquias acogen y acompañan en sus reflexiones a las personas que han recurrido al aborto o han previsto hacerlo.

Pero otros comportamientos constituyen hoy, a los ojos de la Iglesia, amenazas o atentados a la dignidad del embrión en cuanto persona. Se trata, por ejemplo, de tentativos de clonación o utilización de embriones para otros fines que los de su vida propia. Así, los embriones excedentes concebidos durante la fecundación in vitro, plantean nuevas interrogantes: ¿durante cuánto tiempo conservarlos? ¿Cómo aceptar destruirlos? ¿Quién decide las condiciones requeridas para que sean implantados en el vientre de la madre… o una madre portadora? ¿Qué responder a los investigadores que reflexionan en las aportaciones terapéuticas de esos embriones desviados de su primera razón de ser? Haciendo falta una legislación nacional, los científicos, a menudo, prosiguen sus experimentos.

La Iglesia estima que la “realidad humana” es otorgada a todo embrión, sea cual sea el origen de su concepción. Ante los riesgos del “embrión-cobayo” o del “embrión medicamento”, su palabra defiende firmemente la vida de los seres humanos comerciales. Y el Catecismo de la Iglesia católica recalca que la sociedad es la que debe intervenir: “Cuando el Estado no pone su fuerza al servicio de los derechos de todos, y en particular de los más débiles, entre los que se encuentran los niños concebidos y aún no nacidos, los fundamentos mismos del estado de derecho son minados” (Compendio, n. 472). Mediante este llamado, la Iglesia muestra que la dignidad humana no es un asunto privado sino que concierne a la sociedad en su conjunto.

Luego de largos debates, el Parlamento francés adoptó la ley sobre bioética del 6 de agosto de 2004, que prohíbe la clonación humana así como la investigación en el embrión, excepto, a título excepcional, cuando esas investigaciones lleven a proyectos terapéuticos mayores, con los embriones sobrantes resultantes de una fecundación in vitro, y que los trabajos, autorizados para una duración de cinco años, no atenten contra la dignidad del embrión.

Derecho a la vidaUna legislación en plena elaboración, a menudo rebasada por la investigación científica… “Todo lo que es científicamente realizable, no es siempre moralmente aceptable”, decía Juan Pablo II. El permitir la investigación en el embrión, o bien una utilización no conforme con el sentido profundo de lo que es el embrión, persona humana en desarrollo, es tomar el riesgo de “cosificar” un ser humano. La responsabilidad de todos es defender a los más débiles, lo más pequeños, y especialmente desde ese momento misterioso y frágil de una vida que se anuncia.

Recuperado de: 50 claves para comprender el Catecismo de la Iglesia católica. Obra Nacional de la Buena Prensa, A.C. Abril, 2013.

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