La fe cristiana presentada al hombre moderno: ¿Los divorciados casados en segundas nupcias son rechazados por la Iglesia?

Éste es un tema doloroso: el lugar de los divorciados casados nuevamente, en la Iglesia católica, provoca, no podemos negarlo, bastantes preguntas y sufrimientos.

Sin embargo, los hombres y mujeres que se divorciaron y se volvieron a casar civilmente, no son rechazados ni están abandonados.

El sacramento del Matrimonio permanece.

Para hablar del amor de Dios a los hombres, la Biblia, repetidas veces, hace el paralelismo con el amor entre el hombre y la mujer. Como Dios hace alianza con su pueblo, el hombre y la mujer se unen en matrimonio, con un vínculo que no se borrara?, pase lo que pase. Sólo que: si el amor de Dios es inalterable, los sentimientos entre marido y mujer pueden estropearse, hasta apagarse a veces. Se pueden encontrar situaciones conyugales tan dolorosas, en las que es mejor para los esposos separarse.

Eso lo comprende la Iglesia, y sufre con los esposos que confirman el fracaso de su unión. Pero en la fe católica, incluso si el divorcio se pronuncia civilmente, el sacramento del Matrimonio permanece. Resulta que, toda nueva unión llega a ser imposible: los divorciados vueltos a casar, se encontrarán en adulterio ya que son considerados por el derecho canónico, siempre en los vínculos del primer matrimonio. Este estado de “pecado” permanente que provoca la prohibición de comulgar, no aplica a los divorciados o separados, sino a quienes se vuelven a casar civilmente.

Como lo expresa el Catecismo de la Iglesia católica, “la situación de los divorciados vueltos a casar, es objetivamente contraria a la ley de Dios” (Compendio, n. 349). Esta condena es muy dura de entender para las personas involucradas y sus familiares. Sin embargo, la Iglesia no deja de recordarles que esta “falta en el sacramento de la alianza” no los aparta de toda la vida de fe: la oración, el compromiso en ciertos movimientos y servicios de la Iglesia, la educación cristiana de sus hijos, son medios para compartir la vida de comunidad de los creyentes.

Esfuerzos específicos de ayuda.

La situación, cada vez más frecuente por razón de las evoluciones sociales, ha llevado a muchas diócesis a hacer esfuerzos específicos para ayudar a los divorciados vueltos a casar, de manera que puedan vivir su fe y sentirse a gusto en la Iglesia.

La cálida bienvenida de los creyentes es una preocupación constante de las autoridades de la Iglesia y muchos obispos han expresado claramente su deseo de ver evolucionar la posición de la Iglesia católica. Los modos de obrar en otras confesiones alimentan la reflexión: la Iglesia ortodoxa, por ejemplo, y admite así, después de un tiempo de penitencia, la posibilidad de un segundo matrimonio, que no tiene la misma dimensión que la primera.

Pero la Iglesia sigue siendo muy reservada sobre la cuestión que, sin dudarlo, continuará siendo de actualidad. Hasta que una solución permita, tal vez, celebrar la presencia de Dios en el amor de personas divorciadas que se vuelven a casar, dentro de un proceso serio y confiado.

La “nulidad” del primer matrimonio.

Si alguna solución teológica no ha sido propuesta para casarse por segunda vez, la Iglesia católica estudia desde hace siglos, las demandas en reconocimiento de nulidad de la primera unión, liberando así? a la persona divorciada de todo compromiso sacramental. No se trata de anular, de poner fin al matrimonio, sino de preguntarse si la primera alianza existió “realmente”.

En el curso del proceso, los elementos constitutivos del matrimonio, principalmente el consentimiento libre y consciente de los esposos, la sinceridad de los dos casados, eventualmente su madurez, su aceptación de la fecundidad, son verificados. Si estos elementos faltaron en la primera unión, y después de una decisión oficial de la Iglesia, el primer matrimonio es considerado como nulo, es decir, nunca existió, y entonces es posible una nueva unión religiosa. Si esta posibilidad facilita la reintegración de los divorciados vueltos a casar, en la comunidad cristiana, tiene un efecto difícil de aceptar, particularmente para los hijos, ya que el primer matrimonio es considerado como que no existió de forma sacramental a los ojos de la Iglesia, que, sin embargo, no niega los lazos parentales.

  

Recuperado de: 50 claves para comprender el Catecismo de la Iglesia católica. Obra Nacional de la Buena Prensa, A.C. Abril, 2013.

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