La fe cristiana presentada al hombre moderno: ¿Las indulgencias, una práctica anacrónica y chocante?

Las indulgencias siempre son de actualidad en la Iglesia, pero su práctica ha evolucionado ampliamente en el curso de los siglos. Hoy, la indulgencia –el término es usado en singular– es un proceso particular que tiene su sitio en la teología católica, en estrecha vinculación con el sacramento de la Reconciliación.

En los primeros siglos de la Iglesia, se instaura una especie de “solidaridad” de los cristianos: los que han renegado de la fe durante las persecuciones, pueden reintegrarse a la comunidad mediante procesos de “reconciliación”. La oración y el apoyo indulgente de los otros creyentes, les permite recobrar más pronto su lugar en la Iglesia comunitaria.

En la Edad Media, la confesión se practico? más frecuentemente. El perdón de Dios es concedido al hombre arrepentido, pero esta? invitado a un proceso de “reparación” para recobrar el estado de gracia. De ahí? emanan dos órdenes de penas o “penitencias”. Deberá? pasar un tiempo en el purgatorio por una parte, por otra, deberá? efectuar una penitencia terreno: peregrinación, oración, mortificación. Es cuando son institucionalizadas las indulgencias, concediendo una “remisión de pena” parcial o plenaria. Ellas permiten a los cristianos evitar las “penas temporales” mediante, por ejemplo, un servicio o una donación a la Iglesia. Poco a poco, se instaura un desvío: la Iglesia canjea estas indulgencias. Una especie de regateo se desarrolla en torno a este “comercio” de penitencias compradas para si? mismo, pero también para el alma de los difuntos, para suprimir las penas en la tierra como para reducir el tiempo en el purgatorio.

En el siglo XI, la Iglesia concede “la indulgencia plenaria”, es decir, la remisión total de las penas, a los que se comprometan en la cruzada para reconquistar España. Este uso perdurará: la indulgencia otorgada en 1506 a quienes ayuden en la construcción de la nueva Basílica de San Pedro en Roma, que es sin duda la más chocante. Por otra parte, Lutero reacciona fuertemente, y la cuestión de las indulgencias será una de las causas del cisma entre católicos y protestantes.

Un camino privilegiado.

En efecto, esta práctica parece inadecuada, el perdón de los pecados no puede dar lugar a una actividad mercantil. Sin embargo, siempre se ha dado la práctica de las indulgencias en la Iglesia, últimamente y repetidas veces, implementadas por Juan Pablo II. Para entender su proceso, hay que regresar al primer sentido de las penitencias que tuvieron como fin reintegrar al cristiano en la elección de una vida evangélica. Así?, la indulgencia actualmente propone un camino privilegiado para “volver a Cristo”, con ocasión de un acontecimiento importante para la Iglesia. Por ejemplo, fue propuesta por Juan Pablo II a los católicos con ocasión del Jubileo del año 2000, con la visita a los santuarios designados, en Roma y Jerusalén, o todavía en 2005, para el año eucarístico, Benedicto XVI retomó esta práctica, concediendo indulgencia plenaria a los que participaran en las Jornadas mundiales de la juventud en Colonia, durante el verano de 2005.

Sin embargo, el efecto de la indulgencia no es automático. Hay condiciones concretas –acudir en peregrinación, participar en ésta o aquella celebración– y también un estado espiritual: la indulgencia requiere de disposiciones que atestigüen la seriedad del paso de fe. El creyente que se quiera beneficiar, debe confesarse, comulgar, rezar por las intenciones propuestas (por el Papa), y cumplir su petición “con el espíritu plenamente apartado del pecado”.

Finalmente, la indulgencia es una posibilidad de reparación, de “purificación” del pecador perdonado. Restaurado en su dignidad de hijo de Dios por el sacramento de la Reconciliación, el fiel expresa su deseo de vivir según el Evangelio. Con la práctica de las penitencias (ayuno, oración) o bien, con ocasión de un acontecimiento particular, se entra en el proceso de la indulgencia. Según su sensibilidad, el practicante seguirá una u otra proposición. En los dos casos, lo que se busca, es la conversión del corazón.

“La Iglesia, habiendo recibido de Cristo el poder de perdonar en su nombre (cfr. Mt 16, 19; Jn 20, 23), es en el mundo, la presencia viva del amor de Dios, que se vuelca sobre toda debilidad humana, para acogerla en el abrazo de su misericordia”.

Juan Pablo II, Incarnationis mysterium[1], Bula del gran Jubileo del año 2000.

 indulgencia

Recuperado de: 50 claves para comprender el Catecismo de la Iglesia católica. Obra Nacional de la Buena Prensa, A.C. Abril, 2013.

 


[1] Misterio de la Encarnación.