La fe cristiana presentada al hombre moderno: ¿La masturbación y los actos homosexuales son “actos desordenados”?

La Iglesia recalca, con gran firmeza, que la vida sexual tiene importancia para la existencia humana, y que debe ser dirigida con sabiduría. La reflexión cristiana se apoya sobre el relato de la creación: “Dios los hizo hombre y mujer”, lo que determina la alteridad en el encuentro más íntimo de dos seres. Para la Iglesia, el encuentro sexual se vive en el matrimonio, entre un hombre y una mujer que se dan uno al otro, en un acto abierto a la fecundidad.

De hecho, los actos homosexuales y la masturbación no responden a esta perspectiva. La Iglesia considera que éstos son “actos desordenado”, en el sentido que son comportamientos sexuales que ni se ejercen en el matrimonio ni en vinculación con la fecundidad. No hay culpa en estas tentaciones, pero entregarse a ellas constituye un “desorden” que la Iglesia señala, a la luz del don de Dios que expresa la Biblia por mucho tiempo, desde sus primera páginas.

La práctica de la masturbación, dirigida hacia el puro placer egoísta, no asume la medida esencial del encuentro en el acto sexual, y puede conducir a una especie de encierro que impide el verdadero encuentro amoroso: la acogida del otro. Ese otro, en la relación homosexual, también es “mi semejante”, lo que niega la alteridad primera y la diferenciación sexual, fuente de un amor fecundo. Algunas personas viven, por otra parte, esta situación como una herida y permanecen en la continencia sin ceder a los atractivos de la homosexualidad. La Iglesia reconoce que puede haber diferentes etapas en este camino y una especia de avance progresivo para crecer en humanidad. La homosexualidad, siempre considerada como inmoral o como un “desorden”, parece ser más grave cuando se ejerce en una búsqueda egoísta y tal vez violenta del placer, que cuando es vivida entre dos personas que vivan una relación respetuosa, resultante de una elección libre.

Al hacer un llamado a la conciencia, la Iglesia quiere acompañar a cada ser en su realidad y en su dignidad humana. Si existen diversos comportamientos sexuales en busca de la felicidad, para la Iglesia no hay sino uno: la relación heterosexual en el seno de una pareja casada.

Recuperado de: 50 claves para comprender el Catecismo de la Iglesia católica. Obra Nacional de la Buena Prensa, A.C. Abril, 2013.

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