La fe cristiana presentada al hombre moderno: ¿La Iglesia debe ocuparse de la moral?

La moral es el conjunto de reglas que dirigen la actividad libre del hombre. Al desarrollar una “moral cristiana”, la Iglesia afirma que habría un riesgo de usar la libertad de cualquier modo. Para ella, hay comportamientos, elecciones, actitudes, que no respetan la dignidad del hombre, o la alianza que Dios ha establecido con él. Este discurso moral, en una sociedad donde todo parece permitido, puede parecer exigente, sobre todo en el campo de la sexualidad. Pero la Iglesia también desarrolla una moral social e incluso política, que quizá pasa más inadvertida. Ella toma el relevo del mismo movimiento profundo: a riesgo de molestar, la Iglesia continúa diciendo, no sólo a los fieles sino también al conjunto de la sociedad, lo que ella considera como una manera humana de ejercer la libertad. Ahora que todo es posible, la moral subraya que no todo es forzosamente deseable.

Elegir a Dios“La ley moral prescribe al hombre las vías y reglas de conducta que llevan a la bienaventuranza prometida y prohíbe los caminos que alejan de Dios”, precisa el Catecismo de la Iglesia católica (Compendio, n. 415). Así, la Iglesia da una dimensión trascendente a esta moral definiéndola en relación con Dios, incluso hablamos de “teología moral” para describir las reglas humanas que están ordenadas al proyecto de Dios para el hombre.

Esta moral es esencialmente plena de Evangelio: a la manera de Jesucristo es que la Iglesia quiere definir las reglas para una “moral de felicidad”, completamente resumida en el texto de las Bienaventuranzas (Mt 5). La moral cristiana anuncia que la pobreza, la injusticia, la violencia, no tendrán la última palabra. Estas indicaciones no conducen al fiel a vivir “fuera del mundo”: al contrario, ellas invitan a vivir los valores evangélicos en el corazón del mundo.

“Experta en humanidad”, como lo proclamaba Pablo VI, la Iglesia se interesa en todas las áreas de la vida para formular una opinión según su amplia experiencia de discernimiento y de preocupación por el hombre. Estas reglas de conducta conciernen en efecto, a numerosos aspectos de la existencia, a la vida personal y privada, como a la vida en sociedad: la teología moral de la Iglesia católica da sus guías, tanto para la vida familiar, la sexualidad, como para la relación con el dinero, la bioética y la investigación científica, la economía y la política. Ella no fija un itinerario ineludible, un paso obligado, sino que propone estas indicaciones para iluminar la conciencia.

En fin, si la Iglesia se ocupa de la moral, distingue siempre el acto de la persona. A imagen de Dios, nunca pierde la esperanza en el hombre. Así, la moral católica se opone al aborto pero no condena definitivamente a la mujer que aborta: ella condena el asesinato, pero está lista a ofrecer el perdón de Dios a aquellos(as) que han cometido una falta grave.

Los actos son los que pueden conducir a una mayor humanidad o al contrario, a hundir al hombre. El ser humano, libre de actuar, puede encontrar en la moral cristiana una guía para discernir qué lo lleva a la felicidad de vivir, y le habla de un Dios cercano.

Recuperado de: 50 claves para comprender el Catecismo de la Iglesia católica. Obra Nacional de la Buena Prensa, A.C. Abril, 2013.

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