La fe cristiana presentada al hombre moderno: La Iglesia católica frente a las otras religiones.

“La Iglesia católica reconoce que, cuanto de bueno y verdadero se encuentra en las otras religiones, viene de Dios”, explica el Catecismo de la Iglesia católica (Compendio, n. 170). En dos mil años de historia, ¡el enfrentamiento entre religiones ha conocido muchas vicisitudes! Desde las guerras de religiones a la intolerancia, pasando por la elaboración de una sociedad laica, en lo sucesivo, la humanidad entró en una época de pluralismo religioso, a veces todavía muy difícil, en verdad. Después de siglos de preponderancia en Occidente, la Iglesia católica abre vías de diálogo y reconoce que tiene “algo que aprender de las otras religiones”.

La primera etapa del diálogo con las otras religiones, bastante reciente para la Iglesia católica, ya que se funda principalmente en los textos del Concilio Vaticano 11 (1962-1965), consiste en el reconocimiento de la libertad religiosa a que tiene derecho todo hombre, cualquiera que sea su confesión: “La persona humana tiene derecho a la libertad religiosa. Esta libertad consiste en que todos los hombres deben estar exentos de toda coacción, de tal suerte que en materia religiosa, ninguno sea forzado a actuar contra su conciencia” (Dignitatis Humanae1).

Las otras vías de la búsqueda de Dios.

Pero los padres conciliares fueron todavía más lejos: por primera vez en la historia de la Iglesia, habla de los no cristianos, y de una manera positiva. En la declaración Nostra aetate, la Iglesia reconoce que las religiones buscan responder a las cuestiones fundamentales sobre las que el hombre se pregunta, como el sentido de la vida, el bien y el mal, la muerte, el sufrimiento, la felicidad. Por supuesto, el Concilio Vaticano II siempre considera a la Iglesia católica como “la única Iglesia”, pero como dice el teólogo jesuita Bernard Sesboüé: “Esta vía (cristiana) deja su lugar a otras vías que están en el orden de la búsqueda humana de Dios y a la espera de su respuesta” (Creer, Sesboüé, Bernard, 1999).

Después del Concilio Vaticano II, se multiplicaron las formas de diálogo interreligioso. No se trata de endulzar las diferencias fundamentales, sino de iniciar un reconocimiento de los valores de cada uno, en la escucha y la tolerancia. Juan Pablo II participó constantemente en esta apertura respetuosa de los católicos a otras religiones, particularmente en la “Reunión de Asís ” en 1986, invitando a todas las religiones, no a “orar juntas”, sino a “estar unidas para orar”.

ictus

1Dignidad humana.

 

Recuperado de: 50 claves para comprender el Catecismo de la Iglesia católica. Obra Nacional de la Buena Prensa, A.C. Abril, 2013.