La fe cristiana presentada al hombre moderno: ¿La Iglesia Católica, es la única Iglesia de Cristo?

Los Hechos de los Apóstoles testimonian que la herencia de Cristo, está colocada en las manos del apóstol Pedro, reconocido como jefe de la Iglesia. En este sentido, y de manera históricamente continua, la Iglesia católica es la única “Iglesia de Cristo”, depositaria del tesoro de la fe cristiana. Modelada a imagen del Dios único, la Iglesia es “una”, y debe tender a la comunión en torno a Pedro y sus sucesores, en comunión con los obispos. Roma afirma, apoyándose en este don de Dios a su Iglesia, que “la única Iglesia de Cristo subsiste en la Iglesia católica” (Compendio, n. 162). Sin embargo, el Catecismo de la Iglesia católica reconoce inmediatamente, con el mismo impulso, que “en las Iglesias y comunidades eclesiales, que están separadas de la plena comunión de la Iglesia católica, se encuentran numerosos elementos de santificación y de verdad”.

Veinte siglos de historia, en efecto, han maltratado el principio de la unidad de la Iglesia, con muchos desgarramientos entre las Iglesias de Oriente y Occidente (el gran Cisma de Oriente, en 1054), o aún con la Reforma protestante (en el siglo XVI). Se prosigue actualmente, todo un diálogo para restaurar la Iglesia única de Cristo.

Una Iglesia querida por Cristo.

Según una fórmula seductora y provocativa, que le valió finalmente ser excomulgado en 1908, el padre Alfred Loisy afirmó que “Jesús anunció el Reino, y llegó la Iglesia” (El Evangelio y la Iglesia, 1902)… Jesús no organizó la Iglesia que le confió a los hombres: “tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”, anunció a sus discípulos (Mt 16, 18). Así, si Cristo no reguló las disposiciones de “la Iglesia institución”, reunió todos sus elementos: desde los comienzos de su vida pública, se rodea de los apóstoles.

Les explica las parábolas, los envía en misión, parte con ellos el pan y les encarga hacer lo mismo, instituyendo así el sacramento de la Eucaristía. Cuando sobreviene la resurrección de Cristo, los apóstoles que habían huido, son inhabitados por el Espíritu Santo y llenos de seguridad para anunciar la nueva increíble: ¡Jesús resucitó! La fe en Cristo se difunde rápidamente, por el perímetro de la Cuenca mediterránea. “Iglesia” quiere decir “asamblea convocada” o “comunidad llamada”; esto es efectivamente lo que viven los primeros discípulos de Cristo, que responden a la invitación de Jesús: “ahí donde dos tres se reúnan en mi nombre, yo estoy en medio de ellos”. Esta Iglesia comunitaria está lejos de la Iglesia tal como algunos la perciben solamente a través de su jerarquía, su organización, el Vaticano. Pero es en Cristo en quien la Iglesia encuentra su fuente, y el Espíritu Santo es quien la dirige y constituye.

Conflictos y divisiones.

¿Por qué no permaneció única y unida? Los pasados dos mil años fueron, en efecto, siglos de disensiones a menudo feroces, entre las diferentes Iglesias. Desde los comienzos, hubo dos tensiones entre, podríamos decir, “Iglesias particulares”, designando geográficamente las diferentes comunidades de Jerusalén, Corinto y Roma. Muy rápidamente, la Iglesia de Roma, fundada por san Pedro y san Pablo, hace uso de una cierta autoridad o “primacía”. Sin embargo, los conflictos todavía fueron resueltos a fuerza de cambios y encuentros. No será siempre igual, la Iglesia ha conocido “cismas”, divisiones dolorosas, como la separación entre ortodoxos y romanos, entre protestantes y católicos… Todas esas Iglesias –que se han comprometido en un diálogo respetuoso con el ecumenismo–  reconocen que tales divisiones son un antitestimonio evangélico. Todas, incluida la Iglesia católica, trabajan en este diálogo que se orienta al cumplimiento de “la única Iglesia de Cristo”, por lo cual Jesús oró: “Que ellos sean uno… Que su unidad sea perfecta” (Jn 17, 21-23).

 Jesus

Recuperado de: 50 claves para comprender el Catecismo de la Iglesia católica. Obra Nacional de la Buena Prensa, A.C. Abril, 2013.

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