La fe cristiana presentada al hombre moderno: Fecundación artificial, la posición de la Iglesia.

¡Todo lo que se hace para que una pareja pueda albergar un niño! En algunos años, la ciencia ha desplegado considerables esfuerzos para combatir la esterilidad. Para la fe católica, la fecundidad es “un don, un fin del matrimonio puesto que el amor conyugal tiende a ser fecundo”. Sin embargo, si la Iglesia aprueba el acompañamiento médico de cara a las diferentes dificultades que pudiera encontrar la pareja, ella condena toda intervención artificial en la procreación. En Inglaterra nace, el 25 de julio de 1978, Louise Brown, la primera bebé concebida por fecundación in vitro. Actualmente tienen lugar cerca de siete mil nacimientos al año, gracias a esta técnica médica.

La Iglesia condena, no a éstos niños, sino el recurso a estos procedimiento de punta. El principio está enunciado en el Catecismo de la Iglesia Católica: “El niño es un don de Dios, el don más excelente del matrimonio. No existe el derecho de tener hijo. Al contrario, existe el derecho para el niño, de ser el fruto del acto conyugal de sus padres (n. 500). La posición del Magisterio es categórica: así como la Iglesia condena toda intervención artificial para impedir la procreación, también condena toda técnica que viniera a sustituir el acto conyugal para dar la vida.

Ante la miseria de los padres que desean tener un hijo, la doctrina de la Iglesia parece dura: “La inseminación y la fecundación artificial son inmorales porque instauran un dominio de la técnica sobre el origen de la persona humana” (Compendio, n. 499). La advertencia de la Iglesia sostiene algunos criterios, subrayando por ejemplo, que la procreación médicamente asistida puede alejarse del amor conyugal cuando, por la donación de esperma, por ejemplo, una persona extraña a la pareja interviene en la concepción en laboratorio. También permanece muy vigilante sobre el destino de los embriones sobrantes, concebidos durante la intervención médica.

El sufrimiento de las parejas estériles no está ausente en la Historia Sagrada; la Biblia lo testifica, empezando por Abraham. También la Iglesia es sensible a esta herida. Si acepta y fomenta todos los procesos que se pueden emprender para que la pareja sea fecunda, repite que no lo sea a cualquier precio, y que la capacidad de procrear es confiada, según el proyecto divino, el amor humano, y no a las técnicas médicas.

En fin, ella invita a las parejas estériles a inventar otras formas de fecundidad, ya sean sociales, espirituales e incluso familiares por medio de la adopción.

  familia

Recuperado de: 50 claves para comprender el Catecismo de la Iglesia católica. Obra Nacional de la Buena Prensa, A.C. Abril, 2013.

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