La fe cristiana presentada al hombre moderno: ¿En Dios, hay tres dioses?

“Dios y Dios hacen tres”, decía con humor Jacques Prévent. La fe cristiana reconoce un Dios único… en tres personas, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. La fe en el Dios Trinidad se elaboró progresivamente en los primeros siglos de la historia de la Iglesia: ese misterio tiene su fuente en los textos del Nuevo Testamento revelando a Dios Padre, Jesús, su Hijo, y la fuerza de Dios que es el Espíritu Santo.

Jesús es reconocido como Hijo de Dios: “quien me ve, ve al Padre”, le precisa a sus discípulos (Jn 14, 9). Y el Espíritu de Dios ya se cernía sobre las aguas, en el Génesis, en el relato de la creación, es quien reúne a los apóstoles el día de Pentecostés.

Si el dogma de la Santísima Trinidad no se encuentra explícito en el Evangelio, se insinúa discretamente y las tres “personas”, cada una es presencia de Dios en la historia de salvación de los hombres. Una fuente de profundización para el cristiano es reencontrar a Dios Padre revelado por Jesús y encarnado en su Hijo, pero presente también, por el Espíritu Santo, en lo más íntimo de cada uno. Padre, Hijo y Espíritu Santo son uno, en todo perfectamente distintos, y ese Dios en tres personas no lo es sin haber provocado largos debates teológicos. El Dios que se manifiesta en esta Trinidad… es único.

No se trata solamente de una definición intelectual: la reflexión trinitaria hace penetrar un poco más en el misterio de Dios que no se revela solitario sino al contrario, un Dios en relación. Las tres personas de Dios, dicen los teólogos, expresan el intercambio infinito de amor, que es el movimiento mismo de la vida divina.

Más que una lección doctrinal, la Santísima Trinidad encuentra su lugar en la expresión de la fe de los comienzos de la Iglesia. El evangelio de Mateo se termina con la invitación a hacer discípulos, “bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mt 28, 19). Todavía con el signo de la cruz, es como el cristiano repite su fe en las tres personas del Dios único. Nada puede abarcar el misterio de la Santísima Trinidad, pero es la expresión más justa para aproximarse a Dios. El cristiano vive de esta dimensión trinitaria: en su plegaria, su compromiso de fe, él descubre al Dios creador y Padre. Él camina al encuentro de Jesús, Hijo y hermano, quien le habla de Dios Padre. Vive del Espíritu Santo, quien revela, en él y en la Iglesia, la presencia divina.

Padre, Hijo y Espiritu Santo

Recuperado de: 50 claves para comprender el Catecismo de la Iglesia católica. Obra Nacional de la Buena Prensa, A.C. Abril, 2013.