La fe cristiana presentada al hombre moderno: ¿El Domingo, un día sagrado para la Iglesia?

Aunque la sociedad de hoy respeta cada vez menos el descanso dominical, o se interesa más por el largo fin de semana, el domingo –dies dominica en latín, que significa “día del Señor”– reviste para los cristianos una importancia real. Para el creyente es el “primer día de la semana” haciendo memoria de la resurrección de Jesús. Y también es el octavo día, sigue al sábado judío e inaugura la nueva creación.

Después de la resurrección de Cristo, el día de Pascua, los cristianos decidieron reunirse el primer día de la semana para manifestar el lugar central de la resurrección en su fe, haciendo así del domingo un tiempo consagrado al reconocimiento de la presencia de Dios en la vida de los hombres, a la oración, a compartir con los pobres: “El primer día de la semana, mientras nos reuníamos para partir el pan… Pablo dirigía la palabra a los hermanos” (Hech 20, 7).

Así, el domingo es el tiempo fuerte de la expresión de la fe, y al mismo tiempo, la fuente alimenticia de toda la vida cristiana. Al responder a la llamada del mismo Jesús –“hagan esto en memoria mía”– el fiel participa cada domingo en la misa, el momento de comunión con Cristo y con la comunidad cristiana. Esta celebración reúne lo esencial de la fe con la escucha de la Palabra (lecturas bíblicas) y la fracción del pan (la Eucaristía).

Parada privilegiada en el ritmo de la semana, el domingo contribuye a la verdadera humanización de la sociedad. Y la celebración de la Misa funda la vida del cristiano. El trabajo cada vez más frecuente el domingo, podría poner en dificultades esta aspiración al descanso y el cuidado que el hombre debe tener consigo mismo, y también impedir la práctica religiosa. Lo que conduce a la Iglesia a alertar a cada uno sobre los riesgos que representa un domingo sujeto a las reglas de rentabilidad y de los imperativos económicos. Esta evolución impediría a los fieles reunirse, pero no sólo eso: el domingo es para todos, practicantes o no, una oportunidad de poder encontrar en ese día particular, una ocasión de esparcimiento personal.

Día del SeñorAl desarrollar una “pastoral dominical”, la Iglesia invita al hombre a asumir “toda su dimensión de ser espiritual llamado a la alabanza y a la esperanza”. Juan Pablo II consagra una carta apostólica al domingo, “eco semanal de la primera experiencia del Resucitado” (Dies Domini, 1998). El Papa insiste sobre este “día de fiesta”, que permite al hombre realizarse humana y espiritualmente. Aquel día, es a la vez la victoria, que es celebrada, de Jesús sobre la muerte, y la promesa hecha a los hombres de ser salvados.

Recuperado de: 50 claves para comprender el Catecismo de la Iglesia católica. Obra Nacional de la Buena Prensa, A.C. Abril, 2013.