La fe cristiana presentada al hombre moderno: ¿Dios puede querer el infierno?

Para la Iglesia católica, la existencia del infierno es un dogma, una verdad que no puede ser cuestionada. Los textos bíblicos, el mismo Jesús, hablan del infierno. Los términos para describirlo son numerosos: la hoguera, el fuego, “el llanto y el rechinar de dientes” (Mt 13, 42), “la gehena donde el gusano no muere y el fuego no se extingue” (Me 9, 47-48). ¡Hace temblor! Luego de generaciones asustadas por la perspectiva del infierno, los creyentes de hoy ven una insoportable contradicción entre la infinita misericordia de Dios y la existencia del infierno. ¿Y si las dos afirmaciones mostraran ser conciliables?

“El infierno consiste en la condenación eterna de quienes por libre elección, mueren en pecado mortal (…) El mismo hombre es quien; con plena autonomía, se excluye voluntariamente de la comunión con Dios”, enuncia el Catecismo de la Iglesia católica (Compendio, nn. 212-213). El hombre puede decidir alejarse de Dios, y esto es, estar en el infierno: considerar que se puede vivir sin Dios. Rechazar el amor divino, el orgullo de vivir para sí mismo y así cortar toda relación con Dios. El infierno existe porque el hombre fue creado libre, y quizá para significarlo enfáticamente: nuestra libertad llega hasta ahí, rechazar con terquedad el amor de Dios. ¿Cómo imaginar que Dios, en su gran bondad, acogería a cada cual, sin tomar en cuenta sus decisiones? Entonces habría un terrible menosprecio de lo que es el hombre, Dios terminaría “forzándolo al amor”… Las palabras de Jesús insisten en mostrar lo que realmente está en juego.

El rechazo de Dios conduce a la trágica posibilidad del infierno, que Dios acepta porque su amor respeta la libertad humana: él ama aún a riesgo de ver que algunos hombres se apartan de él. Si no, la libertad del hombre no sería más que un engaño. ¿Podemos considerar por eso, que Dios quiere que el infierno esté poblado? En su gran misericordia, Dios invita a cada uno a convertirse, hasta el último momento de su existencia. Este encuentro fundamental, nadie puede imaginar cómo se desarrolle. Todo lo que dice la fe cristiana, es que Jesús vino para la salvación del mundo, para salvar a todos los hombres, incluso a Judas, incluso a todos los verdugos de los tiempos modernos, llámense Hitler o Stalin. Pero cada cual es libre de introducirse en la salvación eterna que Dios propone. O de rechazarla, en completa libertad.

infierno

“Le corresponde al alma decidir sobre sí misma. El gran misterio que constituye la libertad de la persona, es que Dios se detiene ante ella”. Edith Stein, carmelita asesinada en Auschwitz en 1942.

Recuperado de: 50 claves para comprender el Catecismo de la Iglesia católica. Obra Nacional de la Buena Prensa, A.C. Abril, 2013.

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