Eran dos hombres. (XXX Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo C)

ERAN DOS HOMBRES
30o. Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C.

“El publicano regresó a su casa justificado y el fariseo no”.
Lucas, 18,9-14

El Papa Francisco nos ha invitado a vivir el mes de octubre con una especial intención: intensificar la misión de la Iglesia en el mundo actual. Bautizados y enviados es lema, invitación, provocación, tarea urgente. Busca que el cristiano sea consciente y corresponsable en la misión evangelizadora que brota del bautismo. El «vayan y hagan discípulos a todos los pueblos…» sigue vigente en el siglo XXI. 

El mandato misionero de Jesús tiene nuevos desafíos y nuevas oportunidades para evangelizar. Los escenarios reales y virtuales que hay en «todos los pueblos» pueden ser tierra buena para la semilla del Evangelio. El Papa Francisco nos recuerda que todos estamos invitados a ‘salir’ para llevar el mensaje de la ternura, la cercanía y la compasión de Dios a toda la familia humana. Es la razón de ser y la misión de la Iglesia. 

En el Evangelio de este domingo escuchamos otra catequesis sobre la oración. ¿Qué tiene que ver con la nueva evangelización? Si la misericordia es el corazón palpitante del Evangelio, la oración es la escuela necesaria para alimentar los encuentros palpitantes que suscita el Evangelio. Evangelización, oración y vida van de la mano. Si el Evangelio es la buena noticia de salvación de parte de Dios, la oración es el grito suplicante y agradecido de parte del hombre. La misión de la Iglesia, por tanto, de los bautizados, es anunciar el Evangelio orando y orar anunciando el Evangelio. La evangelización se hace celebración litúrgica y testimonio de vida en la caridad.

La forma de evangelizar es tan importante como la forma de orar. A través de una parábola Jesús nos enseña la forma de orar con y desde la vida. La oración del fariseo es falsa, autocomplaciente, ególatra; no necesita de Dios y desprecia al prójimo. Su oración refleja una vida alejada de Dios y del hermano; al estar lleno de sí mismo, no hay espacio en su corazón, ni para Dios ni para el prójimo, es decir, no hay Evangelio.

En cambio, la oración del pecador público es humilde, está marcada por el arrepentimiento y el deseo del perdón que libera. Los gestos de quedarse a distancia, mirar hacia abajo, golpearse el pecho, no sólo expresan el reconocimiento de ser pecador sino también la fe en que puede ser acogido por la misericordia de Dios. Hay Evangelio, sale justificado.

La oración brota de la vida, expresa la forma de ver la vida, nos compromete con/en la vida. En la forma de proceder de los orantes en la parábola se ve claramente. A este respecto, recuerdo las palabras del Papa Francisco en Morelia (16 -02-2016): “Dime cómo rezas y te diré cómo vives, dime cómo vives y te diré cómo rezas, porque mostrándome cómo rezas, aprenderé a descubrir el Dios que vives y, mostrándome cómo vives, aprenderé a creer en el Dios al que rezas”. 

Orar y aceptar el mandato misionero nos compromete a ser audaces y creativos en una nueva y urgente ‘salida’ misionera. 

Cuenten con mi oración y bendición para la misión.

+ Sigifredo
Obispo de/en Zacatecas